Mi Vocación: Del Teodolito al Escenario
1. La Filosofía de la Oportunidad
La vida nos presenta "Oportunidades de Oro", momentos donde el destino envía un mensaje que debe aprovecharse de inmediato. Mi carrera es el resultado de saber identificar ese momento y trabajar para que la suerte fuera una consecuencia de mis acciones. Como dice el dicho: "A la oportunidad, agárrala de donde se deje".
2. El Camino del Ingeniero (1978 - 1981)
Antes de las tablas y las máscaras, mi vida estaba en el campo y la medición. Me formé como Ingeniero Topógrafo Hidromensor e Hidráulico en la Universidad de Guanajuato.
La Vida en el Campo: Mi pasado como Scout me hizo amar el trabajo al aire libre, aunque las prácticas en las minas subterráneas me confirmaron que mi lugar estaba bajo el sol y no en los pasillos estrechos y oscuros del subsuelo.
3. El Instinto del Director: Inicios en los Scouts
A los 15 años, sin saberlo, ya estaba dirigiendo. Al observar las representaciones de los Lobatos, sentí la necesidad de corregir la técnica: la proyección de voz, el respeto al público y la estructura del chiste.
Personajes Icónicos: En esta etapa nacieron personajes como el mago Pradakoff y Pradiman (inspirado en Kalimán).
Primeros Escenarios: Desde fogatas scouts hasta presentaciones en el Estadio León, Irapuato, Salamanca y el Mesón de San Antonio. Estos bocetos de 20 minutos fueron la base de una carrera de 22 años en el Teatro Universitario y 40 años con Los Juglares.
4. Aventuras en la Ingeniería y Riesgos de Campo
Mi labor como ingeniero me llevó a la Reforma Agraria y al Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización (DAAC). Recorrí lugares remotos como Xichú y Tierra Blanca, enfrentando desafíos que iban más allá de lo técnico:
El Peligro del Oficio: En una ocasión, debido a conflictos de tierras, tuve que huir de madrugada en bicicleta para evitar amenazas de muerte, logrando tomar el único camión que pasaba al día en una zona aislada. Estas experiencias forjaron mi carácter, pero el destino tenía preparado un cambio de rumbo.
5. La Oportunidad de Oro: El Letrero en la UG
Un día común, a las 10:00 AM, un letrero en la entrada del edificio de la Universidad de Guanajuato cambió mi vida: "SE SOLICITA MAESTRO DE PANTOMIMA".
El Encuentro: Me reuní con el Ing. Rubén Rodríguez Gaudiano (mi antiguo profesor de ingeniería), quien ahora dirigía Difusión Cultural.
La Preparación: Aunque era ingeniero, mi formación en pantomima incluía talleres internacionales con maestros de EE. UU., Francia e incluso el legendario Marcel Marceau.
La Decisión: En solo dos segundos, comparé mi vida en la oficina agraria con la posibilidad de enseñar arte. Al ver que el salario era igual, acepté el reto.
6. La Renuncia: "¿Maestro de qué?"
Dejar la ingeniería no fue fácil de entender para los demás. Mis colegas y jefes en la Reforma Agraria no comprendían cómo un ingeniero dejaría su puesto por la Pantomima, un arte casi desconocido para ellos.
Reacción Familiar: El cambio también fue una sorpresa en casa. Sin embargo, la decisión estaba tomada: ese día dejé el teodolito para siempre y me dediqué a profesionalizar mi arte con miles de cursos de teatro y técnica corporal.
7. 36 Años de Pasión: Un Legado Sin Arrepentimientos
Después de casi cuatro décadas como maestro de teatro y pantomima, puedo decir que mi vida no tiene precio. Convertí mi mayor hobbie en mi profesión y fui pagado por hacer lo que más amaba.
"Mi pregunta siempre fue: ¿Cuántos ingenieros conocen? Ahora, ¿cuántos maestros de pantomima conocen?" — Juan José Prado.

